Capítulo 65
Las montañas de Transilvania estaban cubiertas por un manto blanco de nieve fina. El Castillo Darkmoor, restaurado en toda su sombría grandiosidad, se alzaba imponente contra el cielo nocturno, con sus torres iluminadas por antorchas eternas que nunca se apagaban.
En el gran salón principal, tres figuras estaban de pie frente a la enorme ventana que daba al valle.
Vlad Darkmoor, el Príncipe Absoluto de las Tinieblas, estaba exactamente como siempre: alto, imponente, vestido de negro