Capítulo 54
Vlad estaba de pie frente a la ventana alta, inmóvil como una estatua. Sus ojos negros observaban el jardín oscuro.
Elena entró en el despacho.
— Estás diferente —dijo ella, cruzando los brazos con fuerza. — Desde que Isolde se fue. Apenas hablas. Apenas me miras.
Vlad no se giró.
— Porque ahora sé exactamente lo que viene.
Ella se detuvo a su lado.
— ¿Y qué piensas hacer?
Él la miró sin parpadear.
— Sacarte de aquí. Hoy. Ahora.
Ella frunció el ceño.
— ¿Qué?
— La mansión ya no es se