Capítulo 35
El resto de la tarde fue una rutina corporativa común del día a día. El rubor tardó en desaparecer de sus mejillas, y cada vez que alguien pasaba cerca, ella se preguntaba si podían sentir el olor de él en su piel o, peor aún, si podían adivinar lo que había sucedido.
Pero nadie dijo nada. Las miradas curiosas de la mañana se habían disipado; tal vez porque Vlad ya había regresado a la oficina y asumido su postura habitual de CEO distante e intocable.
Elena respondió correos elect