—¿Y? —Fabiano sonríe— ¿Qué te pareció la pasta? —pregunta.
—Realmente me parece buena, como dices.
—Me alegra que te haya gustado —coloca su mano sobre la de ella y acaricia con su pulgar, Antonella aplana sus labios.— Creo que tendré que ir a pagar la cuenta —dice al ver la gran cantidad de clientes en el concurrido restaurante. Ella asiente.
Mientras Fabiano paga la cuenta, Antonella aprovecha de ver su móvil, escucha aquel mensaje de Blas y una mezcla de emociones de sorpresa con enojo