Antonella atiende rápidamente, aquel número telefónico pertenece a la empresa.
—¿Sí? —Su voz, es trémula.
—Geme, soy yo, geme —Blas, responde.
—¡Blas! —exclama emocionada— Al fin puedo oírte.
—Perdí mi teléfono en el taxi y no he logrado recuperarlo. —dice y se quiebra.— Geme, lo perdí, perdí a Marcos.
—No, no, Blas. Marcos está vivo.
—¿Qué dices? No puedes hacerme esto, geme. No puedes engañarle, lo sé todo.
—Blas estoy hablando en serio. Jamás te mentiría con algo como eso.
—Yo