Minutos después de que el pánico se apoderara de Albert y de la azafata, el capitán Duarte logra controlar y sobrellevar la angustiante situación. A pesar de que fueron apenas un par de minutos, parecieron eternos tanto para los dos tripulantes como para el único pasajero de la avioneta.
Finalmente, el avión aterriza una hora después, en el aeropuerto de Madrid.
Albert sólo desea descansar un poco, pensando en la practicidad y el confort, se dirige a su pent-house, de esa forma podría llegar