A la mañana siguiente.
El sol entró por la habitación, como si nada pasara para una noche que ninguno de los dos quiso admitir.
Elena abrió los ojos lentamente, desubicada por un segundo… hasta que recordó.
La cama, la línea de almohadas, el matrimonio.
Giró apenas la cabeza, las almohadas seguían en su sitio, pero él… no.
Su lado de la cama estaba vacío, como si nunca hubiera estado ahí.
Elena se incorporó despacio, apretando la sábana contra su cuerpo.
Algo en su pecho se estrujo, y eso se ll