El aire se cortó en seco. Adrián no giró de inmediato.
Pero su expresión cambió, más fríalo.
—Sal de aquí, Tania —dijo sin mirarla.
Ella sonrió. Como si disfrutara cada segundo.
—Sigues igual… —murmuró, acercándose—. Siempre tan correcto frente a los demás… y tan distinto cuando nadie mira.
Elena se detuvo, no se fue. Se giro lentamente, calculando la escena.
—No estoy para juegos —añadió Adrián, ahora mirándola directo—. Y mucho menos contigo.
Tania ladeó la cabeza.
—¿Ah, no? —su mirada se d