Por la madrugada Cris escuchó que lloraba Renato, como buen niño había obedecido que debía permanecer tranquilo mientras ellos habían hecho el amor, sin embargo, no podía estar lejos de su madre por más tiempo, se puso uno pantalones de franela, salió por él pasillo y se encontró con Hilda que venía con él en brazos.
—Creo que quiere comer…
—No te preocupes, yo me ocupo de él — con cuidado tomo a su hijo en brazos, regreso a la habitación y ella ya estaba sentada en la cama esperando a su hijo.