Paola había cumplido en ir todos los días al cementerio, le dejaba una rosa blanca y se quedaba dos horas hablando con él, le contó lo impotente que se sentía cuando no le creyeron, que Armando era él culpable de su muerte, todos creyeron la mentira de la riña.
Y le había jurado que no iba a descansar hasta que Armando pagara todo lo que había hecho.
Le contaba como se sentía con él embarazo, y cuanta falta le hacia escuchar su voz por las noches antes de dormir. Aunque quería evitar llorar no