No tenía duda que era suya, no podría pensar que nadie más la tocara como él lo hacía, que la besara y acariciara, si no tenía a Cris no existiría ningún otro hombre en su vida, viviría con su recuerdo, pero borro ese pensamiento, ellos siempre estarían juntos
—Si soy toda tuya— le contestaba cada vez que entraba en ella— siempre será así— sus labios calientes besan su cuello, sus manos buscan a las suyas y las entrelazan con fuerza como si quisieran hacerse uno solo.
—Mi princesa, eres mía—