Un Adonis tan varonil.

El personal médico se retiró a seguir sus rondas, Andreina, estaba delicada pero más estable. Ella ya no estaba llorando, solo estaba callada observando el cielo por la ventana.

Un ruido vino de la puerta, ese era Maurice, que había traído un carrito con alimentos. Sopa de pollo, betabel cocido, unas piezas de pan con mantequilla, jugo, frutas, y algo más.

— Buenas tardes señorita Ferreira, ¿Tiene hambre? Espero que si, le he traído comida que le ayudará a nutrir su cuerpo.

— Yo... Gra
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