La ansiedad de Alejandro.

El niño logró correr a su habitación a todo lo que le daban su piernitas, ahora sí había enfadado a su tío, hasta se le veían los ojos diferentes.

— ¡Si no te calmas te van a quedar los ojos saltones, tío! — Gritaba el niño mientras corría.

Deguel, logró tranquilizar a su hermano con mucho trabajo, debían ponerse en marcha con la preparación de ellos y de los diablillos.

— Tienes contigo el anillo de bodas, ¿Deguel? Me lo das cuando ya estemos en el altar, no quiero que por las prisas s
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