El niño viene con la tormenta.
La tormenta finalmente comenzó a disminuir cerca de la madrugada.
La recámara seguía convertida en un pequeño caos. Mantas dobladas apresuradamente, varias empleadas caminando en puntillas para no molestar al recién nacido que dormía plácidamente sobre el pecho de Andreina.
Alejandro seguía sentado junto a ella.
Sin moverse demasiado.
Sin apartar la mirada de su esposa y del bebé.
Como si todavía no pudiera creer lo que acababa de pasar.
—¿Sabes algo? —.Murmuró Andreina cansadamen