Capítulo 8. Me quedé dormida.
FERNANDA
El sonido de mi alarma no me despertó. Fue el estruendoso rugido del camión de la basura pasando frente a mi ventana lo que me trajo de golpe a la realidad. Abrí los ojos de par en par, desorientada, y lo primero que vi en la pantalla de mi teléfono me congeló la sangre.
7:42 A.M.
—¡No, no, no! ¡Maldita sea! —grité, aventando las cobijas mientras saltaba de la cama como si el colchón estuviera en llamas.
Alexander Vasilakis había sido sumamente claro ayer por la tarde: el noviazgo de m