—Lo voy a tener en cuenta, Camila.
—Eso espero chiquita preciosa, ahora ve allá afuera con Mariana que está esperándote. —y le guiñó un ojo antes de bajarla de la camilla.
Emireth correspondió y le regaló una sonrisita antes de irse lamiendo su paleta de fresa. Mariana chilló al verla y le dio un corto abrazo antes de retirarse dos pasos de ella y quedarse viendo la paleta, arrugó el ceño.
—¿Sabes qué es lo único bueno de que te sucedan estas cosas? —expresó, un poco divertida a la vez.
—No