—Pero para tu cumpleaños solo faltan unos cuantos meses. Me estás dando un plazo muy corto pequeño.
—Nuestro hijo es impaciente —recordó soltando una risotada.
Rodé los ojos.
—Ve a lavarte las manos.
Asintió y se fue.
Suspiré rotulando en lo que acababa de pasar.
¿Un bebé?
No.
¿Por qué lo seguía pensando?
—No me mires así.
—Hice tu platillo favorito. Deja de reírte o no te daré ni un poco de carne de pato —amenacé
—Es que… —se aclaró la garganta —. Lo siento, creo que Matt tiene razón.
—No