—Lo sigue siendo sólo que… —gemí —. Shh, Matt está arriba.
—Entonces no me tortures —gruñí dándome la vuelta.
Mala idea, me acorraló, sus dedos ávidos recorrieron mi cuello. Su boca mordisqueó el lóbulo de mi oreja y gemí de nuevo.
—Te pongo nerviosa, mejor te ayudo con lo que te falta, ¿si? —me liberó.
Lo asesiné con la mirada, era malvado por dejarme así.
—Me voy a vengar, no puedes provocarme y dejarme así —reclamé, ¿qué sucedía conmigo?
—Antes de que lo hagas, esta noche te daré una so