Capítulo 83

En algún punto de la noche caímos rendidos en la sala luego de hablar por muchísimas horas.

Era la primera vez en mucho tiempo que hablaba con alguien hasta decir basta y sentirme bien conmigo misma.

Al día siguiente, cuando desperté, me encontré con una bandeja a los pies de mi cama con el desayuno listo y a Alessandro esperando pacientemente a que yo despertara.

Ni siquiera recordaba haber ido a dormir a mi habitación.

—Buongiorno bellezza—le oí saludarme en italiano con voz melosa y dulce.
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