—Esto es muy normal en tu estado, Tessa—dijo—no te disculpes por la naturaleza de tu cuerpo.
Ensimismada ante su escultural físico, asentí.
—Menos mal no ensuciaste el piso, sería muy tardado limpiarlo—bromeó—mañana mandaré a tirar la basura, ahora vamos a dormir.
—¿No ibas a cenar?
—Ya se me quitó el apetito.
—Lo siento—me sentí más miserable de lo normal.
—Fue un pretexto para hablar contigo. No tenía hambre.
Asentí. Y al ver que yo no decía nada, volvió a hablar.
—¿Mañana quieres dar un pa