—Nuestro maldito trato acaba aquí, Flynn. Tu familia demente, y tu estúpida farsa se pueden ir por un tubo o metértelo por donde no te pega el sol, idiota—me quité el anillo con rudeza y se lo lancé a la cara.
A grandes zancadas me abrí paso fuera del restaurante, encolerizada y horrorizada. Me lo merecía. Me merecía todo eso, por haber confiado en la palabra de Keith. Dios. Si tan solo hubiera tenido más fuerza de voluntad, no habría llegado a esos extremos.
Levi comprendería si le explicaba