El estacionamiento estaba casi vacío.
El aire olía ligeramente a gasolina y a una lluvia que nunca llegó.
Chris estaba de pie junto a su coche, las llaves en la mano, mirando a la nada durante un segundo demasiado largo.
Debería haberse sentido aliviado. Mia aterrizaba en cuarenta minutos.
Aun así, volvió a mirar su reloj.
Su teléfono vibró con la actualización del vuelo. Llegó.
El pecho se le tensó. Abrió la puerta del conductor—
"Chris."
Se detuvo.
Derek caminaba hacia él desde la entrada de