Mia estaba sentada con las piernas cruzadas en el suelo, junto a la mesa de centro, con la laptop abierta y reportes impresos esparcidos a su alrededor como hojas caídas. La lámpara junto al sofá proyectaba un círculo ámbar suave sobre ella, dejando el resto de la habitación en sombras. Chris ya se había aflojado la corbata hacía rato. Derek se había ido a casa horas antes.
Pero ella no podía detenerse.
Los números le eran familiares. Había construido esa empresa desde la nada, solo con audacia