A Allen le gustaban las salas privadas.
Habitaciones donde el aire no se movía a menos que él lo permitiera.
La primera reunión fue al mediodía. Paredes de vidrio. El horizonte de la ciudad a su espalda. La luz del sol trazaba líneas nítidas sobre la mesa.
Lydia Grant estaba sentada frente a él, la espalda recta, la blusa de seda impecable, los dedos apretando demasiado fuerte su vaso de agua.
Allen sonrió con suavidad.
Ese tipo de sonrisa que usaba en galas benéficas.
Lydia Grant prefería la m