La sala de juntas olía a madera pulida, café persistente y una tensión tenue. Chris ajustó su corbata sin pensarlo, con los ojos recorriendo las hojas de cálculo proyectadas en la pared. Derek estaba sentado a su lado, con los hombros rígidos, las manos entrelazadas, observando a Allen como un halcón.
La presencia de Allen llenaba el espacio. Delgado, preciso, su voz controlada—pero había un filo, una energía inquieta bajo la calma. Cada movimiento, cada pausa, cada mirada sutil parecía una pru