La voz no pertenecía a un recuerdo.
Cortó el ritmo del mar—afilada, repentina, inconfundiblemente real. Demasiado cerca.
Su cuerpo reaccionó antes de que su mente la alcanzara. La espalda se tensó. La respiración se detuvo a medio camino en sus pulmones, como si el aire mismo se hubiera vuelto sólido. Sus dedos se curvaron instintivamente, las uñas presionando contra su palma.
"No te des la vuelta", algo dentro de ella susurró. "No lo hagas."
Aun así, se giró.
La mujer estaba a solo unos pocos