El apartamento de Mia se sentía más pequeño de lo habitual.
Los muebles seguían siendo los mismos. La lámpara en la esquina aún proyectaba su luz suave, inútil. Los juguetes de los gemelos estaban esparcidos cerca de la mesa de centro, pequeños recordatorios de ruido y movimiento.
Pero el aire estaba tenso. Como si estuviera esperando.
Chris estaba junto a la ventana, con las manos en los bolsillos. Llevaba allí diez minutos sin hablar.
Maya estaba sentada en el sofá, con documentos legales ext