Allen estaba de pie frente a la pared de cristal de la sala de juntas, observando la ciudad, como si nada estuviera a punto de cambiar.
El tráfico y la luz del sol reflejándose sobre el acero. Personas cruzando las calles con café en las manos.
Eso le gustaba. La ilusión de lo ordinario.
Detrás de él, la sala aún conservaba el calor de la reunión. El aire llevaba el tenue aroma de colonia costosa y un rastro de tensión. Habían asentido. Todos y cada uno de ellos.
No porque le creyeran. Sino por