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Llego al cuartel en medio del caos organizado. Hombres corriendo, gritos de órdenes, el tintineo metálico de los equipos. Bajo del coche y voy directo al vestuario, despojándome de la ropa civil como si estuviera arrancando una segunda piel.
Dejo atrás al hombre común y visto la armadura. El uniforme camuflado, el chaleco antibalas, el casco. Cada pieza me transforma, me moldea. Dejo de ser Davi para convertirme en el Capitán, la furia implacable del BOPE.
Mientras ajusto la cartuchera,