La lucha es constante, la batalla interna me consume. Necesito controlarla, necesito hacerla mía, pero sin lastimarla, sin romperla.
—Estoy a punto de hacer una locura contigo, mi amor... Me estoy controlando al máximo —digo, con una sonrisa perversa que la excita y la asusta al mismo tiempo.
La conduzco hasta el lavabo, apoyándola sobre el mármol frío, exponiendo su belleza a mi posesión. Sus ojos se abren de par en par, el cuerpo tiembla en anticipación.
La brutalidad es parte de quien soy