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La visión de mi Alice, a pocos centímetros de mí, me golpea como un rayo. El alivio por haberla rescatado de ese gusano insignificante se mezcla con la posesión que me quema por dentro. Su presencia me embriaga, me enloquece, me transforma en un depredador hambriento.
Su cuerpo reacciona a mi proximidad como un animal salvaje, la piel erizándose, los músculos contrayéndose, el corazón disparándose como un tambor de guerra. Siento cada temblor, cada suspiro, cada señal de rendición.
Sus o