—¿Dónde está Patrícia? ¿Por qué no está aquí para ayudar? —pregunto, preocupada por su ausencia.
—Se fue. Dijo que no se sentía bien y cogió un taxi a casa. Creo que solo inventó una excusa para no tener que cuidar de Fernanda —responde Jéssica, con un tono de voz acusador.
—Vámonos de aquí, Jéssica. Esta fiesta ya ha dado lo que tenía que dar —digo, sintiendo un escalofrío recorrer mi espina.
—Vámonos, pero ¿cómo vamos a cargar con esa momia? ¡No puede ni andar! —cuestiona, mirando a su her