—No me he creído ni una palabra —digo, con la voz fría.
—Entonces es difícil —dice Celina, con un suspiro. —Bueno, voy a buscar a Otávio. Isa, luego hablamos bien.
—Vale —responde Alice.
Ella sale, dejándonos solos. Alice se levanta, con cara enfadada. La atraigo por la cintura, llevando su cuerpo hasta el mío.
—¿Qué carita tan enfadada es esa, eh? —pregunto, con la voz provocadora.
—No es nada —responde ella, con la voz seca.
—¿Estás enfadada conmigo, amor? —pregunto, con la voz cariñosa. Sé q