Los dejo allí y entro en casa. La busco por la cocina, la sala — no está. Entonces, subo las escaleras y la encuentro bajando. Siento un alivio muy grande y, al mismo tiempo, una rabia. ¿Por qué ha desaparecido así? ¿Por qué no me avisó?
—¿Dónde estabas, Alice? —pregunto, con la voz enfadada.
—Acostando a Bruninho —responde ella, con la voz calmada.
—¿Todo este tiempo? —pregunto, con la voz desconfiada.
—Sí —dice ella, con la voz firme. —¿Por qué, crees que me había escapado?
Intenta pasar a mi