.
Ni dio tiempo a dar el segundo paso. Davi fue más rápido que un ataque: estiró el brazo, agarró mi cintura y me atrajo con todo hacia él. Caí con el pecho sobre su torso duro, pegada cuerpo a cuerpo. Bruninho soltó una risita de nuestro desorden.
—¿Olvidaste que llevo una semana en ayuno por culpa de esa operación? —murmuró en mi oído, con la voz peligrosamente baja, la boca rozando mi oreja. —Tengo unas ganas acumuladas de ti que me están enfermando, chica.
Sentí el volumen duro de su erecci