El conductor, un señor simpático y sonriente, nos saluda con cortesía y enciende el GPS, listo para guiarnos hasta el lugar de la boda.
Mientras el coche recorre las calles de la ciudad, observo el paisaje nocturno por la ventana. Las luces de los edificios, el movimiento de la gente, la energía vibrante de la noche... Todo me encanta y me hace sentir viva y conectada con el mundo.
—¡Vaya, qué tráfico! ¡Parece que todo el mundo salió de casa hoy! —Jéssica comenta, con un tono de voz preocupad