Cruza la sala y comienza a subir los primeros escalones de la escalera de madera. Doy una zancada larga, la alcanzo a mitad de camino, la agarro del brazo con fuerza y la giro hacia mí con brusquedad.
— ¡SUÉLTAME, DAVI! —brama ella, tirando del brazo con violencia.
La rabia ciega mi razón por completo. Levanto la mano abierta a la altura de su rostro, listo para imponer mi autoridad a gritos y a la fuerza. Pero, antes de que mi mano pueda bajar, Alice da un paso al frente, pega su pecho al mío