Se derrumba en llanto, cubriéndose el rostro con las manos pequeñas. Mi estómago da una vuelta completa. Siento un odio y una tristeza tan profundos por aquello que casi me ahogo en mis propias lágrimas.
— Tranquila, mi amor... tranquila —me acerco y atraigo a Gabriela hacia un abrazo apretado. — No llores más. El infierno se acabó. Aquí nadie va a poner un dedo encima de vosotros. Te lo prometo.
Bruninho nota que su hermana está llorando. Deja el dibujo a un lado, gatea por el sofá, extiende s