— Bueno, vamos a resolver esta situación dramática de una vez —decreta Otávio.
— Davi, vas al laboratorio a hacerte la extracción de sangre esta misma tarde sin falta —ordena doña Celina, sin espacio para quejas.
— Hum... —refunfuña Davi, intentando hacerse el difícil.
— Va a ir, doña Celina. Puede estar segura —intervengo, manteniendo la voz firme como el acero.
— ¡Eso es! —me apoya Fernanda. — El padre de la niña llega hoy de viaje para llevársela. Así que el peque se va a tener que quedar aq