Dafne caminaba bajo la torrencial lluvia. En cuestión de segundos, ya estaba helada y empapada hasta los huesos.
Aún llevaba su vestido elegante y sus zapatos de tacón alto, lo cual dificultaba aún más su tarea. Por eso, dio una patada a sus zapatos y se arrodilló directamente en el barro bajo la lluvia.
César estaba sentado en el balcón del segundo piso de su mansión, bebiendo champán frío y observando todo eso.
Para subir las escaleras, tenía que realizar tres acciones: arrodillarse, hacer una