Sin embargo, lo que le esperaba después de cada búsqueda era solo decepción... Esperanza lo necesitaba. Como su padre, él no podía rendirse…
Después de colgar el teléfono, Celia se recostó en su silla y suspiró profundamente, sintiéndose agotada.
Un compañero a su lado le preguntó:
—¿Qué te pasa, Celia? ¿Por qué estás tan preocupada? ¿ Tu suegra te está presionando de nuevo para que tengas un hijo?
De repente, Celia gritó a todo el departamento en voz muy alta:
—¿Alguien tiene información sobre