Durante la conversación, Hans ni siquiera levantó la mirada para verla.
En su rostro destacada, su indiferencia era tan fría como un estanque congelado en el invierno, nada podría causar ni una ola en la superficie.
Darío, quien había venido junto con Hans, salió para romper el silencio incómodo, diciendo:
—Dejemos de lado los pasados desagradables. Ya que nosotros todos estamos aquí por el destino, Dafne, ¿qué te parece cantar por nosotros?
César chasqueó un poco los dedos y hizo echo:
—He oído