—Muchas gracias, doctor.
Esperanza fue llevada al pabellón privado mientras Dafne la cuidada a su lado.
Hans se mantuvo de pie a un lado, sin poder brindar ninguna ayuda.
—Señor Rivera, puedo quedarme aquí cuidándola. Si tienes trabajo pendiente, puedes irte primero. Si hay alguna novedad, informaré a Rodrigo —dijo Dafne.
Creía que el hombre se marcharía sin dudarlo. Sin embargo, él se sentó en el sofá cercano, sin intenciones de irse, y dijo fríamente:
—Esperanza es mi hija. No puedo dejarla so