Dentro del automóvil, Esperanza lloraba tan fuertemente que su rostro se volvió pálido. De repente, Hans se percató de la situación y rápidamente la tomó en sus brazos:
—Esperanza, ¿qué te pasa?
—Papá… Yo…
Esperanza se aferró al pecho, respirando con mucha dificultad. Hans ordenó de inmediato:
—¡Volvamos al hospital!
***
Dafne observó cómo se alejaba y desaparecía de su vista, borrosa por las lágrimas. Justo cuando casi perdió la esperanza, el automóvil volvió a aparecer repentinamente. ¡Se diri