POV de Adriana
La brisa nocturna se deslizaba entre los balcones de nuestra casa en la costa, cargada con la sal del mar y una quietud extrañamente reconfortante. Diego y yo nos habíamos acostumbrado a vivir al borde del peligro, siempre listos para la próxima emboscada, el próximo golpe. Pero esa noche, por primera vez en mucho tiempo, sentíamos que podíamos respirar.
Hasta que llamaron a la puerta.
Diego intercambió una mirada rápida conmigo antes de levantarse. Siempre llevaba un arma oculta,