POV de Diego
El humo de los cigarros flotaba en el aire, mezclándose con la tensión en la sala. Cada rostro en la mesa reflejaba la misma determinación feroz, pero también algo más: desconfianza. No podía culparlos. Después de todo lo que habíamos pasado, confiar era un lujo que ya no podíamos darnos.
—Nancy no está sola —dije, rompiendo el silencio—. Y si queremos acabar con esto, tenemos que estar preparados para lo peor.
Adriana, sentada a mi derecha, cruzó los brazos sobre su pecho. No había