POV de DIEGO
Las cosas habían empezado a tomar forma. Poco a poco, Madrid dejaba de sentirse como un campo de batalla constante y comenzaba a parecerse a algo cercano a un hogar. Mi trabajo en la pequeña editorial no era perfecto, pero me daba estructura, un sentido de utilidad. Y Adriana... ella brillaba. No de la forma ruidosa que muchos esperan, sino como una vela encendida en una habitación silenciosa. Constante. Serena. Vital.
Pero incluso en los días tranquilos, mi corazón seguía habitado