POV de Adriana
La cita con Montoya estaba pactada para la noche siguiente en su restaurante privado. Un sitio exclusivo, con vistas a la ciudad, donde se creía intocable.
Pero nadie es intocable.
Cuando llegué, Montoya ya estaba sentado en una mesa en la terraza, con una copa de vino en la mano. Me recibió con una sonrisa despreocupada, pero yo vi más allá de la cortesía. Sabía que era un hombre calculador, igual que yo.
—Diego, amigo —saludó con falsa calidez—. Me alegra que hayas aceptado mi