—Son geniales —la voz de Brian se escuchaba impregnada de orgullo y emoción, algo que no había podido sentir en años— Si no fueran mis hijos… los adoptaría sin dudar.
Ahora la emoción se reflejó en el rostro de Charlotte. Le parecía casi increíble que Brian estuviera allí, con ella, mirando a sus hijos con una mirada de amor que le calentaba el corazón con hermosos sentimientos.
—Pero son tuyos… al igual que yo —dijo bajando un poco la voz al final.
Brian se volteó para mirarla directamente a