El rostro de Robin Carrol se puso pálido por completo, porque a pesar de que era un bueno para nada tampoco era un tonto, se había graduado con honores en una buena universidad, pero sus debilidades lo habían llevado por un camino escabroso y delicado. Él sabía muy bien que la empresa estaba en un punto de debilidad en el que cualquier inversionista poderoso podría ejecutar una fusión forzosa, lo que llevaría a la empresa a depender de otro y las acciones se reducirían varias veces su valor, de